lunes, 15 de enero de 2018

Microrrelato " El banco "

Un banco solitario en la nieve
Hoy ha nevado en Eibar. Hemos subido a Arrate, está a una altitud de 531 metros, allí la nieve ha cuajado más que en la ciudad. En la campa donde paseamos muchos días en el verano, hay más de medio metro de nieve. Algunos niños juegan con sus esquís y con plásticos, se deslizan por las cuestas de bajada. La nieve reposa en las ramas de las hayas, desnudas de hojas. Debajo de ellas, el banco solitario medio cubierto de nieve. Ahora está frío como el témpano, no invita a sentarse en él.

En verano, le da el sol y la sombra de los árboles. Desde allí, el paisaje del entorno se contempla precioso. Recuerdo la primera vez que me senté en el banco. Acababa de subir por el camino de Azitain nada más llegar, el descanso se hacía necesario. No sé por qué este banco es mi favorito, quizás, es porque tiene un lugar privilegiado, al ser el primero que hay al dejar la última subida, o por las vistas.

De frente, el monte Karakate, por un lado, la campa en toda su extensión. Por el otro lado, la subida a la cruz. Detrás, el Santuario de la Virgen de Arrate, que nos guarda y protege a todos los eibarreses. Mi memoria ya no alcanza tantas veces como he visitado el lugar. Cuantos recuerdos tengo al mirar el banco, hoy tan solitario y frío, desde él, hoy el paisaje nevado es majestuoso. Me he sentado a lo largo de mi vida en el viejo banco, más de mil veces.

Cuántas historias podría contar, si pudiera hablar. Cuántas promesas de amor y cuántos besos nos dimos de novios sentados en el banco. Al pasar el tiempo, cuántas veces mis hijos han jugado en él. Todavía los veo tan pequeños jugando, con sus cochecitos, sus juguetes llenos de hojas y flores, mientras yo leía un libro.

Miro otra vez el banco, al estar cubierto de nieve, casi no me doy cuenta que lo han cambiado, es uno nuevo. Y seguirá ahí hasta que lo cambien de nuevo, guardando muchas más historias que no estarán escritas.

354 palabras 

domingo, 14 de enero de 2018

Poesía " Tu último atardecer "



"Aya dando pecho "Pintado al  óleo por Mamen Píriz


TU ÚLTIMO ATARDECER


Un día dejaste de mirar al mundo
para vivir un instante sin más recuerdo.

Tu sonrisa se tornó diáfana
del puro presente la semblanza alejada.

Entre prisas y preocupaciones de gentes
¡Cuánto daña al alma la memoria!

En el tibio atardecer y la gélida mañana
he paseado junto a ti mi ilusión menguada.

¿Maritxu, me conoces? ¿Quién soy, madre mía?
Mis lágrimas imposibles tu evocación no horadan.

Hasta donde mis pesares consuelo reclaman
¡Qué injusto es el silencio del que todo el resto habla!

Un atardecer de invierno tu mirada quedó velada
tus ojos, única expresión de vida, se han cerrado
para apresar el infinito.

Pero, contemplo tu sonrisa, madre, la veo,
todas las noches la veo,
 
cuando en la negrura del firmamento
titila mi estrella preferida.


Esta poesía la hice a  mi madre después de fallecer en el día 5 de febrero del 2002, para poner en el recordatorio. 

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